Sobre la violencia, vista con otros ojitos.

Muchos años mamá se aguantó dolores ajenos. Se creyó responsable de que papá estuviera tan mentalmente enfermo.
Papá muy frustrado empezó a perder la paciencia. Perdió el amor. Ese que juraba con tanta certeza.
Un día empezó a gritar. Yo era chiquita.
Mamá gritaba y lloraba mientras papá la zarandeaba.
Luego se arrepentía, pedía perdón, y la abrazaba.
Ella quedaba con un dolor enorme en la cabeza, y un hueco en el corazón.
Pasaron los años, todo seguía igual, solo que mamá ya no tiene miedo.
Con cada grito que escucha, responde con un paso al frente.
Mamá no está más asustada, mamá está desafiante.
Mamá es más valiente que antes,  y con mucha ironía, responde aunque le parta el alma.
Después capaz que llora en el baño, capaz se arrincona atrás de alguna puerta.
Mamá me pide perdón porque tengo que verla así.
Yo le digo que no llore, ella dice que esta bien, que solo le duele la cabeza.
Yo se que es mentira. Mamá esta pensando seriamente en cruzar esa puerta.
Mamá es mi heroína,  mamá es una guerrera.
No se achica ante nada, no le tiene miedo a esas guerras.
Quisiera que no llorara.
Quisiera que sonriera.
Que no le duela más la cabeza.
Que no se arrodille más atrás de la puerta.
Que no se rasque la cabeza cuando se sienta desesperada.
Que no tome pastillas para calmar tanta pena.
Quiero a mi mamá de pie,  con una sonrisa perfecta, y que sus únicas lágrimas, sean por felicidad completa.
Quiero a mi mamá viva, la necesito entera.
Papá no entiende que lo estoy mirando,  y sin darse cuenta me esta escribiendo una condena.
Firma: 

Una niña, víctima de la violencia de gente cansada.

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