Vos y mi reloj.

Las horas del día van bien, transcurren de forma normal, se escucha de fondo el tic-tac del reloj... Hasta que te veo pasar.
Ahí no hay tic-tac que suene, no hay tiempo, no hay nada.
Sólo están vos y la calle que pisás.
Se desvanece el cielo que tanto me gusta mirar, y dejan de caer las hojas de los árboles que me detengo a observar cada mañana.
Sólo porque vos pasas.
Sólo porque vos estas ahí.
Sólo porque existís.
Y te vas, y seguís tu camino.
Sin siquiera darte cuenta que haces que mi tiempo se detenga.
Tus pasos se escuchan cada vez más lejos, y ahí...  Todo vuelve a su lugar, y el reloj hace tic-tac otra vez.
Vale-

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