Veinticinco minutos.

Sólo hablé con él unos veinticinco minutos, parece poco, pero para mi, fue más que suficiente para enteder un poco más sobre la vida.

Con esos ojos, medios vidriosos, como esas luces que se van apagando de a poquito, como algo que se va quedando sin energía... Justo así estaban sus ojos.

Llenos de nostalgia, añoranzas y miles de historias para contar.
Llenos tambien de cansancio, por esa vida llena de trabajo, la misma vida que tanto extraña.

Ojos llenos de amor, de paciencia, de anécdotas y tantas otras cosas que no pudo nombrar porque no le salían las palabras...

Fueron veiticinco minutos, si, es verdad...
Pero esa mirada, me marcó el corazón, y también la noción del tiempo.


-Vale.

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