Esa plaza

Creyó que jamás volvería a ese lugar. A esa plaza. Con esa persona.
Pensó que era parte de un pasado muy lejano. Se sentía como si hubiesen pasado más de 20 años.
Pero la vida, da revancha... Y por alguna loca razón, terminaron allí.

Toda la vida, va... Todos estos años, han peleado sin sentido batallas interminables e insoportables, creyendo en sus corazones que todo puede cambiar. Viendo en cada día, una nueva chance para ser mejores.

Pisaron esa plaza en silencio, sin la euforia de aquel día, hace unos seis años atrás...
De la mano, pero con el alma suelta. Sabia pero rebelde.

Cielo iluminado por tantas estrellas, aire fresco en la cara, de ese que hace que cierres los ojos de felicidad unos segundos, y una luna curiosa, naranja, que parecía estar tan cerca que podías tocarla.

Esa noche estrellada, entendió al mirar el amplio cielo, tan amplio como la vida tantas veces, que hay silencios que no se rompen, y que hay veces que las palabras sobran.

Esa noche encontró todas las respuestas mirando el mar, esa luna brillante y esas estrellas que parpadeaban como dando una señal...

Por cada duda, sintió una leve brisa en su cara. Por cada inseguridad encontraba en el cielo una estrella que brillara más...

“No subestimes a la naturaleza”-se repitió a sí misma- “tiene más respuestas de las que uno imagina”. 

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